*En San Pablo del Monte los alfareros locales resguardan con orgullo una técnica que llegó hace más de 500 años con la conquista española
Nayeli Vélez
San Pablo del Monte, Tlax.- En los límites entre Puebla y Tlaxcala, existe un extenso corredor a pie de carretera donde se exhiben magníficas piezas de talavera, una artesanía que, aunque genera debate por su origen, ha estado presente en México desde la época colonial.
Desde platos, jarrones y tibores hasta floreros, lavamanos y artículos religiosos, estas piezas guardan una tradición centenaria, amén de los usos utilitarios que muchos hogares aún les dan.
En San Pablo del Monte, familias enteras han dedicado su vida a perfeccionar esta técnica, creando desde objetos comunes hasta verdaderas obras de arte como figuras decorativas, fuentes, recuerdos personalizados e incluso joyería.
El camino nos lleva al taller “El Arte del Colibrí”, donde el joven alfarero Eduardo Méndez nos recibe con una sonrisa afable. Nos muestra orgulloso la amplia variedad de piezas que reflejan la destreza e ingenio de su familia, que lleva más de tres generaciones dedicadas a esta actividad en el sur de Tlaxcala.
Eduardo toma entre sus manos una taza de cerámica vidriada, finamente decorada en azul y blanco —los tonos más tradicionales de la talavera—, y nos explica que cada pieza se elabora a mano en torno, siguiendo una técnica virreinal que incluye el uso de estaño y plomo para lograr el vidriado característico.
Los colores empleados en la decoración, azul, amarillo, negro, verde, naranja y malva, pueden variar según el gusto de los clientes, pero los artesanos prefieren conservar los diseños tradicionales, como el de uno de sus emblemas más reconocidos, que está inmortalizado en la fachada de la famosa Casa de los Azulejos, en la Ciudad de México.
Nuestro guía en este viaje por el mundo de la talavera comenta que, aunque se le reconoce como una artesanía de origen poblano, en San Pablo del Monte surgieron talleres que preservaron estos procesos y en el camino, les dieron un sello propio. En particular, destaca el decorado, que en muchos casos incorpora elementos de la cultura local: danzantes, iconografía prehispánica y personajes inspirados en los murales de zonas arqueológicas tlaxcaltecas.
Este taller, como muchos otros en San Pablo del Monte, es también una pequeña galería; un espacio donde los colores y las formas lo inundan todo, y cada pieza despliega un diseño único, aunque siempre bajo la influencia de la mayólica italiana y de los alfareros españoles que trajeron estas técnicas al Nuevo Mundo.
La preservación de esta técnica artesanal —reflejo de la fusión entre la cultura indígena y la española—, el uso de esmaltes y arcillas de origen natural, así como la unión familiar que caracteriza a estos talleres, fueron influencia y motivo para que el proceso de elaboración de la talavera fuera reconocido con una denominación de origen en 1997. Un reconocimiento que protege y enaltece este legado vivo de la historia y tradición tlaxcalteca que tiene una importante influencia en todo el país.






