Museo del Títere, una infancia permanente

*Con dos mil 500 marionetas, el recinto es la joya del Pueblo Mágico de Huamantla; en sus entrañas marionetas que nacieron de trapo, madera, cartón, latón

Carolina Miranda

Huamantla, Tlax.- Una madre de familia ríe y juega, tras bambalinas, con un títere de trapo al que hace mover de un lado a otro; se sonroja y a sus ojos tienen regresó un brillo especial.

Sorprendida, una pequeña niña, en otra sale, abre los ojos al estar frente a una vitrina donde marchan, disciplinados, todos los integrantes de un batallón de militares.

Sea cual sea la edad, inunda una alegría cuando se ingresa al Museo Nacional del Títere, considerado el más grande del país con dos mil 500 marionetas cuyos hogares fueron teatros, sets de cine e incluso calles de México y el mundo.

Parece un cliché, pero si es asombroso recorrer las calles del Pueblo Mágico de Huamantla, es fantástico asomarse a un mundo de títeres que nacieron de trapo, madera, cartón, latón.

Nacieron para despertar sonrisas, pero también todo tipo de emociones humanas y siguen haciéndolo a pesar que se jubilaron para mostrarse al mundo en vitrinas y escenarios dispuestos para ellos.

Llegaron al mundo de distintas latitudes, empezando por México hasta España, Francia, Alemania, Italia, Indonesia, Japón, Pakistán, República Checa, Argentina, Venezuela, Colombia, Estados Unidos y África.

Especímenes que pertenecieron a los hermanos Rossete Aranda, famosos titiriteros del siglo XIX, forman  parte de los moradores de esta casa ubicada en el corazón de Huamantla, pero también se incluyen de la época de oro del guiñol y del cine en México.

Así como de la etapa precolombina y los procedentes de Asia y Europa que son admirados y temidos en ocho salas permanentes y una temporal.

Durante décadas repartieron felicidad, tristeza, ira, sorpresa, miedo y disgusto, en obras como “El gato con botas”, de Perrault; las óperas “La urraca ladrona” y “El Barbero de Sevilla”, de Rossini; en el tradicional “La Cenicienta” de Perrault.

Fueron grandes artistas en películas mexicanas como “La edad de la inocencia”. Ahora desde el Pueblo mágico de Huamantla, los muñecos de trapo, madera, cartón y latón recuerdan épocas doradas y vuelven a generar emociones con representaciones estáticas de batallas, conciertos, historias y leyendas.

 

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