Vida y destino de Vassili Grossman

*La censura, los campos de aislamiento, la muerte y el destierro a Siberia y Kolymá, eran la manera en que Stalin mantenía el “orden” y la “paz”

Rodolfo Mendoza

¿A qué se deberá que la literatura rusa tiene tantos grandes y potentes narradores? ¿Podríamos pensar que Dostoievsky fuera francés o Tolstoi italiano? Algo tiene el espíritu ruso que a sus narradores sólo los podemos emparentar con la profundidad de espíritu entre la que siempre se han movido. Pilniak y Grossman son los ejemplos más penetrantes del siglo XX. Ni qué decir de Chéjov o Bulgakov, dos de los más importantes escritores, sino, lo que nos interesa aquí, es llamar la atención sobre Vassili Grossman, el ruso menos conocido de entre todos.

Grossman fue el creador de una obra literaria que nunca logró ver publicada. Su vida la pasó como periodista y las dos novelas que escribió (de la que aquí hablamos y Todo fluye) fueron publicadas póstuma y tardíamente. Vida y destino se publicó primero en francés (hasta 1983) antes que en su lengua original.

Como ya se sabe desde hace años, lo que para los rusos en un principio fue la liberación y el bienestar con el gobierno de Stalin (incluso se le llamaba Papá Stalin), en pocos años se convirtió en un gobierno totalitario en el que era imposible tener una opinión diferente a la del Estado. La censura, los campos de aislamiento, la muerte y el destierro a Siberia y Kolymá, eran la manera en que Stalin mantenía el “orden” y la “paz” que quería que el resto del mundo viera.

Grossman fue de los críticos más duros y serios de ese sistema. Escribió Vida y destino en la clandestinidad y, al terminarla, sin poder ocultar el manuscrito, fue revisada por un censor quien dijo, palabras más, palabras menos: Esta novela sólo podrá ver la luz dentro de doscientos o trescientos años. Por fortuna los amigos de Grossman pudieron sacarla de la madre Rusia microfilmada en 1960. Con todo y eso tuvo que esperar 23 años a que fuera traducida y publicada en Francia. A partir de esa fecha toda Europa la tradujo y la consideró la Guerra y paz del siglo XX.

Una obra inmensa, monumental; un fresco detallado de Rusia durante la Segunda Guerra Mundial; una radiografía pormenorizada del espíritu de una época; un estudio ético y estético del arte; una visión del mundo que sólo pudo ser creada por un hombre que estuvo ahí y que supo que lo importante es el arte, la escritura, la literatura. A Grossman nunca le importó si su manuscrito se conocería (pues sabía lo difícil que sería salvarlo), le importaba escribir letra a letra lo que su espíritu no comprendía y que sus ojos se empeñaban en hacer creer.

Compartir: