El Palmar de Apizaco, sombra de la historia

*La tienda de sombreros de la ciudad rielera resiste y se adapta al paso del tiempo; suma 93 años de existencia, testigo discreto de la vida ferroviaria y campesina

Naye Vélez

Apizaco, Tlax.- Entre el sonido de los trenes y el pulso del campo, sobrevive al paso del tiempo sombreros El Palmar,un lugar con más de 90 años de historia convertido en un símbolo de perseverancia. Un lugar ligado a la memoria de los trabajadores que levantaron el municipio entre las vías y las tierras de labor.

El sombrero ha sido, durante siglos, una prenda que acompaña silenciosa y fielmente al trabajador. Lo mismo cubre la frente de un campesino que la de un obrero o un charro.

En la ciudad rielera de Apizaco, comenzó la historia de la casa comercial cuando el joven Manuel Cano, fundador de El Palmar, se instaló modestamente a las afueras de la estación del tren para vender sombreros de palma.

Sus primeros clientes eran, sobre todo, ferrocarrileros y viajeros que llegaban a Apizaco, para quienes un buen sombrero era imprescindible para protegerse del sol en el trabajo o en las largas caminatas bajo un cielo implacable.

En 1932 –recuerda el encargado, el señor Vicente Domínguez- Manuel decidió comprar un pequeño local junto a la estación. Con el tiempo, el negocio creció y resistió crisis, modas y cambios de hábito.

Hoy pertenece a la señora Alejandra Cano Velázquez, heredera del fundador y es su esposo, don Vicente, quien recibe a los clientes que aún buscan un sombrero de palma o de otros materiales como ante o gamuza.

Los nuevos estilos fueron ampliando la oferta de una tienda que nació dedicada a comerciar —e incluso fabricar— el sombrero de palma que le dio su nombre.

Aunque la etapa de fabricación fue breve, El Palmar se mantuvo como referencia para viajeros, campesinos y hombres de espuela. Allí se encuentran desde modelos clásicos para la faena diaria hasta piezas vistosas para lucir en fiestas, además de herramientas para el trabajo en el campo.

Don Vicente sostiene que el sombrero nunca pasa de moda; cambia, se reinventa, pero sigue teniendo un lugar en la vida de quienes lo necesitan. Muchos de sus clientes actuales vienen de comunidades rurales cercanas, sobre todo agricultores, a sustituir el sombrero que los acompañó durante años de trabajo.

“Los tiempos cambian, pero un sombrero nunca pasa de moda”, dice mientras hojea viejas revistas con postales de Apizaco.

En algunas imágenes, El Palmar aparece como parte del paisaje urbano, testigo discreto de la vida ferroviaria y campesina de la ciudad. Un negocio que, como la memoria de Apizaco, ha sabido resistir y adaptarse, sin perder la sombra de su historia.

 

 

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