*En el sur de Tlaxcala se erige una población prehispánica que luce con orgullo sus vestigios textiles, sus coloridos murales que evocan la lucha entre el bien y mal de su principal fiesta y, sobre todo, muestra su pasado portentoso
Diego Mena
Papalotla, Tlax.- Antiguas y funcionales vías de tren atraviesan su territorio y sonidos típicos de carnaval motivan a sus habitantes. Papalotla es uno de los municipios con un gran apego al carnaval que abrazan cada año y en cada temporada.
En el sur de Tlaxcala, forma parte de las regiones donde el carnaval trasciende por su magnitud y belleza: charros y huehues organizan vistosos desfiles que dejan una estela de alegría y fiesta para pobladores y turistas.
A su paso, hermosos murales que inmortalizan la fiesta de la carne y la lucha entre el bien y el mal quedan en viviendas de quienes aman las tradiciones y de quienes con sus manos crean capas, máscaras, plumeros y látigos, todo un arte hechas con entrega y dedicación en un acto de cultura.
En la historia, Papalotla era conocido como un asentamiento que tuvo relevancia cultural y prehispánica entre los años 100 y 650 después de cristo y hasta la época colonial, fue en 1822 cuando Tlaxcala lo reconoció como municipio, marcando un antes y un después en su semblanza y tradiciones.
En el siglo XVIII llegó a Papalotla otro de sus importantes legados: una imponente Iglesia dedicada a San Francisco de Asis al estilo del neoclásico con una explanada tan amplia, que se usa de espacio para demostraciones artísticas.
Una sola nave que mira al cielo como guardián silencioso mientras que su altar vigila el oriente, sus tonos blancos adornados con bordes anaranjados lustran y ven de frente al kiosko, pequeño y rojiblanco que da belleza al parque.
Árboles verdes y frondosos se elevan alrededor del kiosco y fuertes permanecen para dar hogar a las aves que por el viento llegan al Parque: pichones y palomas alzan sus hogares y con sus cantos crean ambientes mezclados con un viento templado característico del lugar.
A un costado del parque, las coloridas letras de Papalotla abrazan juegos para niños y niñas, las risas de las infancias con otros sonidos del municipio: la música de carnaval de los cálidos hogares, los trenes que atraviesan y la fiebre futbolera de quienes animados acuden al campo deportivo a compartir vivencias con un balón, con sus cercanos.
Las fábricas textiles que ahí hayan establecimiento también son parte del paisaje, la industria de la tela en su exterior, con murales marcados por el tiempo y el deterioro; una muestra del pasar del tiempo, pero también de un estilo entre artístico urbano, comercial y cultural, su mezcla social engalana a Papalotla, a su gente y a su historia.




