*Tal vez el siglo XX nos dio algunos de los males más insospechados llevados a la literatura: la depresión (Las vírgenes suicidas de Jeffrey Eugenides), la soledad (como en casi cualquier novela de Onetti), la culpa (Expiación de Ian McEwan).
Rodolfo Mendoza
El Mal siempre ha sido un tema que ha inquietado el pensamiento del hombre. A partir de la literatura, más que del pensamiento, el hombre ha podido desentrañar, al menos mínimamente, esta cuestión. Quien esto escribe recuerda inmediatamente Del supremo bien y del supremo mal de Cicerón, o algunos aforismos de Marco Aurelio, Imágenes del bien y del mal de Martin Buber y, sobre todo, Más allá del bien y del mal y la Genealogía de la moral de Friedrich Nietzsche; libros fundamentales del pensamiento para lograr comprender por qué todo en el hombre tiende hacia el mal.
Pero dejemos de lado el pensamiento y recuerde el lector qué obras de la literatura universal lo remiten, fatalmente, a un ejemplo de maldad. Piense el lector en el personaje más insoportable, recuérdelo, y verá que la sola idea lo hace estremecerse. Puede ser un personaje de Dostoievsky, por supuesto, pero puede ser un villano de Dickens, un monje de Sade o aquél terrible asesino de la insuperable novela Plenilunio de Antonio Múñoz Molina. No confunda el lector, por favor, el mal con el terror. Pues el mal no se crea con monstruos fantásticos, tinieblas escabrosas o noches insondables; el mal es un día soleado en el que el orden se corrompe; el mal está acechando al lado de un hermoso rosal, el mal es un asesino que disfruta, al mismo tiempo, de Bach o de Händel.
Tal vez el siglo XX nos dio algunos de los males más insospechados llevados a la literatura: la depresión (Las vírgenes suicidas de Jeffrey Eugenides), la soledad (como en casi cualquier novela de Onetti), la culpa (Expiación de Ian McEwan) y, en fin, la envidia, la lujuria, la estulticia, el engaño, and go on.
Tannöd, el lugar del crimen de Andrea Maria Schenkel ha sido todo un suceso sorprendente en Alemania, de donde es originaria su autora. Más de medio millón de ejemplares vendidos en unos pocos meses cuando fue publicada en 2006. Inmediatamente se tradujo a otras lenguas en donde el éxito fue similar. En español los lectores conocen ya una de las obras sobre el mal más absorbentes de las últimas décadas. Se trata de una novela negra que no tiene como personaje a ningún detective, ni comisario, ni policía, sino a todo un pueblo. Narrada desde diferentes puntos de vista (de alguna manera como la estupenda Dulce porvenir de Russell Banks y hecha película por Atom Egoyan), podemos ir recreando una historia inusual, la de los Danner, que serán tan inolvidables como la familia de A sangre fría del maestro Capote.
Andrea Maria Schenkel está ya ocupando su lugar junto a los demás autores mencionados en esta nota.
