Capilla del Vecino, vigía tlaxcalteca

*En uno de los puntos más altos de la ciudad, se guarda silenciosamente un pequeño rincón de historia: La Capilla del Cristo del Vecino, una modesta edificación atribuida a Fray José Nava y Mora en la ciudad de Tlaxcala

Beto Pérez

Tlaxcala, Tlax. – Al llegar, la primera impresión es de paz. El ambiente es acogedor, marcado por el murmullo suave del viento entre los árboles que custodian la capilla. Las paredes, adornadas con frescos desvanecidos por el paso de los años, narran aún las historias de peregrinaje de las primeras misiones en nuestro estado. Aquí, cada grieta y cada sombra parecen guardar secretos de quienes han pasado por sus puertas en busca de consuelo o agradecimiento.

La capilla, construida en el siglo XVII, fue un lugar de reunión para los vecinos del barrio. Su nombre, que evoca cercanía y comunidad, refleja la esencia de un espacio que no solo es un sitio de culto, sino un punto de encuentro para la vida social y espiritual de sus habitantes. Las misas, ya no son su principal actividad, fueron  menos concurridas que en épocas pasadas, pero sigue resonando el eco de la devoción local. Los domingos, el sonido de las campanas invitaba a la comunidad a reunirse y a reencontrarse con sus raíces.

Una tarde de octubre, el sol se filtra entre las nubes, bañando la capilla en una luz dorada. A medida que cae la tarde, la luz dorada se convierte en sombras alargadas. Por debajo de ellas están todavía las tumbas de los consanguíneos de su fundador. Tal vez la velocidad olvide esos nombres, gente común, pero la huella ha quedado firme y llena de sacralidad.

Es un lugar de encuentro y descanso. Se puede llegar por las calles empedradas y las casas coloniales que rodean la capilla, que dan un aire auténtico y nostálgico. Debido a su ubicación elevada, ofrece vistas de los alrededores, incluyendo paisajes de cerros y el valle. En días despejados, se pueden ver incluso las montañas que rodean Tlaxcala, lo que la convierte en un excelente punto para observar la puesta de sol. Aquí se puede planear perfectamente el itinerario para recorrer toda la ciudad: el campanario de la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción se asoma entre los altos árboles, al igual que sus jardines.

La Capilla del Vecino, en su silenciosa majestuosidad, nos recuerda que, a veces, los lugares más humildes son los que más nos enseñan sobre la vida, el amor y la esperanza.

 

 

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