Chocoflan, el protagonista tlaxcalteca

*Ciudadano de cuatro patas, el más distinguido del centro de Tlaxcala; es activista, socialité y un vagabundo encantador

Dun Moreno Campos

Tlaxcala, Tlax.- El 28 de mayo encontraron el cuerpo sin vida de mi tío Rafa. Después de casi un mes de búsqueda la certeza y la tristeza, pero por fin, el comienzo de un duelo.

El funeral fue en los conocidos Velatorios Monserrat, ubicados en el centro de Tlaxcala, en uno de esos empedrados que aún conservan los caminos de nuestros antepasados. Hubo mucha gente, y hasta su caso se volvió mediático. Su madre, su esposa y su hija tuvieron el terrible privilegio de, como pocos en este país, tener la certeza de saber dónde descansan sus restos.

Aquel día del velorio, la tristeza inundaba la Sala 1. Conocidos, amigos y familiares, quienes estuvieron al pie del cañón durante el mes que no supimos nada de él, llegaron para despedirse.

En “Los Monserrat”, la gente entraba y salía en un flujo imparable, así como lo hacía la tristeza. Pero algo cambió la dinámica de quienes iban a despedir a Rafa. El calor de mayo era infernal para todos, incluyendo al protagonista de esta historia: un perro mestizo sin cola. Si el cuadrúpedo hubiera tenido cola, quizá su color “golondrino”, típico de cualquier perro callejero, habría pasado desapercibido en las calles donde abundan esos perros digamos, genéricos. Pero no fue así.

Una amiga me dijo que lo llaman el Chocoflan, por su color, pero para mí y mi familia siempre será “El Perro del Velorio”. Este entrañable sujeto peludo nos brindó ternura y nos sacó sonrisas en un momento lejano de ambos conceptos. Ahí estaba, tirado, con las patas estiradas, disfrutando más que nadie del aire que lanzaba el ruidoso ventilador. Por supuesto, dio de qué hablar. Todos nos sorprendimos al ver cómo, sin importarle nada, no se movía de su lugar. Su felicidad y descanso eran tales que obligaba a rodearlo o saltarlo para subir las escaleras.

Como una especie de destino, mientras revisaba mi celular, encontré fotos de una marcha de comerciantes en la que ya había conocido al Perro del Velorio. Claro, lo documenté. El perro, con una perra convicción, acompañaba la lucha. Entonces, supe que este perro ya era un conocido asistente a eventos sociales, apoyando marchas y protestas, tomando sus descansos en los locales comerciales del centro.

A los pocos días del velorio de Rafa, tras la selección de Claudia Sheinbaum como candidata a la presidencia, un grupo de simpatizantes se reunió a festejar en las letras de madera que adornan la Plaza de la Constitución. En una foto que llegó a mí, gracias a los rebotes periodísticos, estaba el dichoso lomito, echado boca arriba, con una sonrisa que solo podía expresar un morenista de corazón. Este perro es de izquierda, este perro es marxista. Es protagonista cotidiano de la vida en el centro de Tlaxcala.

El tercer avistamiento del también conocido como Chocoflan, fue afuera de unas oficinas gubernamentales. Se encontraba degustando algo que parecían tacos de guisado en un plato de unicel. Respetuoso de quienes pasaban, pegadito a un árbol, disfrutaba de su festín.

El 28 de junio, a las 10:20 p.m., yo esperaba un choripán en los puestos que alivianan a cualquier capitalino que sale de fiesta o que la quincena le llegó rascando las monedas. Los precios accesibles y los deliciosos sabores de los carritos de comida hacen converger clases y hambres sociales, por supuesto, ahí estaba el honorable ciudadano que, si hablara, sería el mejor cronista de este municipio, junto al puesto, esperando que algo cayera; tal vez su última comida había sido aquellos tacos de guisado.

El domingo 11 de agosto, el Perro del Velorio fue captado disfrutando del domingo familiar en el escenario inflable que colocan frente al portal grande. Sin embargo, no era el protagonista. Ahora, disfrutaba del espectáculo que ofrecía otro amigo canino, quien acompañaba a un grupo de música norteña que podría llamarse “Los Guaguarú”. Su compañero de aventuras corría de un lado a otro del escenario, le brincaba feliz al cantante, y nuestro querido ciudadano ilustre lo miraba con calma y admiración.

El Perro del Velorio asiste a los mejores eventos: es activista, socialité, y un vagabundo encantador, pero, sobre todo, un personaje que roba sonrisas y llena de curiosidad.

Se le vio en la colocación de los bandos solemnes por los festejos del mes patrio, en la marcha contra la Reforma Judicial, e incluso ante todo pronóstico perruno, asistió al Grito de Independencia para ser testigo del espectáculo de fuegos artificiales. Sin hogar, o con todo el centro de Tlaxcala como su hogar, se le ve jugar entre las jardineras, los locatarios lo saludan, los reporteros lo respetan, e incluso las autoridades estatales y municipales han pronunciado discursos con el perro a un costado.

Este amable ser que habita nuestro pueblo, dota de alegría el día a día tlaxcalteca. Apenas podemos notar cuando está feliz, porque en la casa que tuvo alguna vez, también tuvo una cola, que hoy menea invisible en cada acto protocolario. Este héroe de las nostalgias y salvador de los amargados regaló a la familia y amigos de Rafa un instante de felicidad cuando sus corazones estaban rotos. Que le den la llave de la ciudad. Que la hija de Rafa sonría al conocer la historia del Perro del Velorio.

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