*De los mueganos huamantlecos al muegano santanero por excelencia, esta delicia cautiva paladares y se ha convertido en un sello distintivo de los dulces típicos de Tlaxcala.
Nayeli Vélez
Santa Ana Chiautempan, Tlax.- Tlaxcala es tierra de contrastes, testigo de la fusión de dos culturas cuyo histórico encuentro transformó costumbres, códigos religiosos, la vida cotidiana y, por supuesto, la cocina. De esa mezcla nació un abanico gastronómico que aún hoy define la identidad de todo un pueblo.
Entre los sabores que debemos agradecer al mestizaje entre españoles y tlaxcaltecas de hace más de 500 años, destacan los famosos e inconfundibles mueganos, que en México adoptan múltiples formas, pero que en Tlaxcala ahora son patrimonio gastronómico.
Huamantla y Santa Ana Chiautempan sostienen desde hace décadas una dulce disputa por el origen de este manjar. En Huamantla, se atribuye a dos personajes locales: Aurelio Martínez, quien en 1938 comenzó a elaborarlo a partir de una receta familiar, y Juan García, un nevero que ofrecía el panecillo en los portales y en la estación del ferrocarril.
Si bien los mueganos huamantlecos han alcanzado mayor reconocimiento a nivel nacional, en Chiautempan también se consolidó una tradición en torno a este postre gracias a don Miguel, fundador de Mueganos Don Miguelito, un taller con más de un siglo de historia en el municipio sarapero.
El muegano santanero, como es conocido, comienza con una masa suave preparada con harina de trigo, huevo, leche en polvo y manteca de cerdo, ingrediente que le da ese sabor característico y su tono dorado inconfundible. La masa se corta en pequeños cuadros, se hornea y se acomoda en hileras sobre papel estraza para luego recibir un generoso baño de jarabe de piloncillo, responsable de su dulzura inigualable.
En Chiautempan, este dulce se convirtió en una tradición ligada a la Cuaresma y la Semana Santa.
Es común ver carritos cargados de mueganos cruzando las calles o familias enteras visitando el taller de Don Miguelito, donde además de comprarlos, participan en su elaboración. Los herederos de la receta reciben a los visitantes y comparten secretos y técnicas que han dado vida a esta tradición por más de cien años.
Así, el muegano tlaxcalteca tiene dos orgullosos representantes en medio de la vasta dulcería mexicana. En Chiautempan, permanece como un legado familiar y un símbolo de identidad: pequeños bocados que, acompañados de un café, evocan tradición, nostalgia y la dulzura que enriquece la vida cotidiana.



